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Los atacantes aprovechan errores de configuración en la nube para evadir controles tradicionales

Introducción

La seguridad en entornos cloud experimenta una transformación profunda. El cambio de paradigma no sólo afecta a la naturaleza de las amenazas, sino también a la forma en la que los equipos de defensa deben abordarlas. Si antes los atacantes buscaban vulnerabilidades perimetrales para “derribar la puerta”, ahora exploran “ventanas abiertas” en forma de configuraciones débiles, identidades mal gestionadas y código inseguro. Esta evolución deja a los mecanismos de protección convencionales, como los EDR o los firewalls, en desventaja, ya que muchas de las actividades maliciosas se camuflan entre el tráfico legítimo y los flujos de trabajo normales de la nube.

Contexto del Incidente o Vulnerabilidad

El auge de la computación en la nube ha multiplicado la superficie de ataque de organizaciones de todos los tamaños. Según datos de Gartner, más del 75% de los fallos de seguridad en la nube hasta 2025 tendrán como origen errores de configuración, gestión de identidades o prácticas de desarrollo inseguras. Los proveedores cloud, como AWS, Azure y Google Cloud, ofrecen herramientas potentes, pero dependen en gran medida de una configuración correcta y de la correcta aplicación de políticas de acceso y control. Sin embargo, la complejidad de los entornos multinube y el ritmo acelerado del desarrollo DevOps suelen desembocar en permisos excesivos, buckets de almacenamiento públicos, credenciales expuestas en repositorios y aplicaciones desprotegidas.

Detalles Técnicos

Las amenazas actuales suelen aprovechar vulnerabilidades como CVE-2021-21985 (vCenter Server Remote Code Execution) o fallos en la configuración de roles IAM (Identity and Access Management), que permiten movimientos laterales y escalada de privilegios sin levantar sospechas. Los adversarios se apoyan en TTPs del framework MITRE ATT&CK, especialmente en técnicas como Initial Access: Valid Accounts (T1078), Discovery: Cloud Service Discovery (T1580), Persistence: Create or Modify Cloud Compute Infrastructure (T1578) y Defense Evasion: Impair Defenses (T1562). La explotación de buckets S3 mal configurados, la inserción de secretos en código fuente y la propagación mediante contenedores comprometidos son vectores de ataque habituales.

Herramientas como Metasploit y Cobalt Strike se adaptan al entorno cloud, integrando módulos específicos para atacar servicios gestionados, APIs y microservicios. Los indicadores de compromiso (IoC) señalan accesos inusuales a consolas de administración, creación de tokens temporales no autorizados, cambios en las políticas de red y tráfico sospechoso entre regiones cloud.

Impacto y Riesgos

El impacto de estos ataques es significativo. El informe de IBM sobre el coste de una brecha de datos en 2023 cifra en 4,45 millones de dólares la media mundial, siendo los entornos cloud públicos los más afectados. La exposición de datos personales y de negocio no sólo supone un riesgo económico, sino también sanciones regulatorias bajo la GDPR y la inminente directiva NIS2. En Europa, una filtración de datos por mala configuración puede acarrear multas de hasta el 4% de la facturación anual global de la empresa.

Medidas de Mitigación y Recomendaciones

Frente a este escenario, las organizaciones deben revisar y fortalecer sus estrategias de seguridad cloud. Se recomienda:

– Adopción de enfoques Zero Trust y revisión continua de políticas IAM.
– Automatización de auditorías de configuración con herramientas CSPM (Cloud Security Posture Management).
– Integración de soluciones CIEM (Cloud Infrastructure Entitlement Management) para vigilar permisos y accesos.
– Uso de escáneres de código y secretos como TruffleHog o GitLeaks en pipelines CI/CD.
– Implementación de monitorización avanzada de logs y detección de anomalías mediante SIEM y UEBA adaptados al entorno cloud.
– Formación continua para desarrolladores y administradores en buenas prácticas de seguridad cloud.

Opinión de Expertos

Marta Roldán, CISO de una entidad financiera europea, subraya: “La seguridad en la nube no es sólo cuestión de tecnología, sino de procesos y cultura. La velocidad del negocio no puede ir en detrimento del control de accesos y la gobernanza de los entornos cloud. Es vital auditar permisos, monitorizar cambios y automatizar la detección de desviaciones respecto al baseline seguro”.

Por su parte, el investigador David Martín, especializado en DevSecOps, alerta: “Las herramientas tradicionales de seguridad en red son ciegas ante las amenazas cloud-native. Hay que invertir en soluciones que entiendan el contexto y la lógica de los servicios cloud, y que correlacionen comportamientos aparentemente legítimos pero anómalos”.

Implicaciones para Empresas y Usuarios

Las empresas deben asumir que la seguridad cloud es un proceso compartido y dinámico. La adopción de frameworks como el de la NIST (SP 800-53) o las guías del ENISA para entornos cloud es crítica. El riesgo de brechas de datos, secuestro de cuentas, despliegue de ransomware y uso fraudulento de recursos cloud (por ejemplo, para minería de criptomonedas) impacta tanto en la reputación como en la continuidad de negocio. Los usuarios finales, por su parte, pueden ver comprometida la integridad de sus datos y su privacidad.

Conclusiones

El panorama de amenazas en la nube exige a los profesionales de la ciberseguridad una adaptación constante. La vigilancia debe ir más allá de los ataques perimetrales y centrarse en la detección de actividades anómalas que aprovechan configuraciones erróneas, excesos de privilegios y malas prácticas en el ciclo de vida del software cloud. El reto es alinear seguridad, agilidad y cumplimiento normativo en una realidad digital en continua evolución.

(Fuente: feeds.feedburner.com)