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La identidad, nuevo epicentro de la ciberseguridad: desafíos humanos y estructurales para 2026

Introducción

La evolución de la ciberseguridad en los próximos años apunta hacia un cambio de paradigma: mientras que históricamente la atención se ha centrado en los aspectos puramente tecnológicos, para el año 2026 la principal debilidad de los sistemas ya no será la tecnología en sí, sino las personas, los procesos y las estructuras organizativas. Este nuevo escenario, impulsado por factores como la inteligencia artificial (IA) inaccesible para la mayoría, la sobrecarga cognitiva y la presión financiera, sitúa la gestión de identidades —tanto humanas como de máquinas— en el centro de la batalla contra las amenazas cibernéticas.

Contexto del incidente o vulnerabilidad

El entorno digital de 2026 estará marcado por una hiperconectividad sin precedentes, una proliferación de identidades digitales y un uso intensivo de IA en la automatización de procesos. Sin embargo, la brecha de acceso a IA avanzada, la saturación de información y la fatiga de alertas en los centros de operaciones de seguridad (SOC) están erosionando la capacidad de respuesta ante amenazas. Las organizaciones, presionadas por la optimización de costes y la escasez de talento especializado, comienzan a relegar la ciberseguridad a un plano secundario en la toma de decisiones estratégicas.

En consecuencia, los atacantes han trasladado su foco desde la explotación de vulnerabilidades técnicas hacia los eslabones humanos y estructurales de la cadena de seguridad. Los ataques post-autenticación, el abuso de identidades privilegiadas y la manipulación social sofisticada representan hoy los principales vectores de riesgo.

Detalles técnicos: vectores de ataque y tendencias

A lo largo de 2024 y 2025, los principales marcos de ataque identificados por MITRE ATT&CK, como T1078 (Valid Accounts) y T1556 (Modify Authentication Process), han registrado un crecimiento del 40% en incidentes reportados, según datos de ENISA y el informe anual de Verizon DBIR. Los ataques post-autenticación, donde los adversarios explotan credenciales válidas tras el acceso inicial, suponen ya más del 38% de los compromisos en entornos empresariales.

A nivel de explotación técnica, se documenta el uso masivo de frameworks como Cobalt Strike y Metasploit para el movimiento lateral y la escalada de privilegios tras la obtención de credenciales. Además, la automatización de ataques mediante scripts de Python y herramientas de IA generativa ha reducido el tiempo medio desde la intrusión hasta la exfiltración de datos a menos de 90 minutos en infraestructuras mal protegidas.

Entre los CVE más explotados en el ámbito de la gestión de identidades destacan:

– CVE-2023-23397 (Microsoft Outlook, vulnerabilidad de escalada de privilegios)
– CVE-2024-21412 (Windows SmartScreen, bypass de seguridad)
– CVE-2024-3400 (Palo Alto Networks PAN-OS, ejecución remota de código en VPN)

Los indicadores de compromiso (IoC) suelen incluir registros de autenticaciones anómalas, creación de cuentas temporales, uso de tokens de acceso robados y actividad inusual en APIs de identidad.

Impacto y riesgos

El impacto económico de los ataques centrados en la identidad es cada vez más notable. Según cifras de IDC, el 72% de los incidentes con brechas de datos en 2025 estuvieron relacionados con errores humanos o abuso de credenciales, generando pérdidas directas e indirectas de más de 8.000 millones de euros en la UE.

La presión financiera, agravada por la entrada en vigor de la directiva NIS2 y el endurecimiento de sanciones bajo el RGPD, obliga a las empresas a revisar sus estrategias de protección de identidad. El riesgo reputacional y las interrupciones operativas derivadas de secuestros de cuentas privilegiadas o suplantación de identidades de máquina (IoT, API) afectan tanto a grandes corporaciones como a pymes, especialmente en sectores como banca, salud o infraestructuras críticas.

Medidas de mitigación y recomendaciones

Ante este escenario, los expertos recomiendan reforzar la gestión de identidades y accesos (IAM) con estrategias multifactor (MFA), autenticación adaptativa basada en comportamiento y políticas de privilegio mínimo. Es fundamental implementar soluciones de detección y respuesta a amenazas (EDR/XDR) con capacidades de análisis de comportamiento de usuario y entidad (UEBA).

La automatización de los procesos de revisión de permisos, la rotación periódica de credenciales y la segmentación de redes son medidas imprescindibles para reducir la superficie de ataque. Además, la formación recurrente y contextualizada de los empleados en detección de ataques de ingeniería social se consolida como una barrera crítica.

Opinión de expertos

Según Marta Lozano, CISO de una multinacional tecnológica: “En 2026, la diferencia entre una organización resiliente y una comprometida estará en la madurez de sus procesos de gestión de identidad y la capacidad de sus empleados para identificar amenazas más allá de las alertas automáticas. La tecnología ya no es suficiente”.

Por su parte, el analista de amenazas David Moreno señala: “Estamos viendo un desplazamiento de los adversarios hacia ataques post-autenticación, donde las herramientas tradicionales de SIEM o firewall apenas detectan actividad maliciosa. El uso combinado de IA defensiva y educación del usuario es la única salida”.

Implicaciones para empresas y usuarios

Las organizaciones deberán replantear sus planes de ciberseguridad, priorizando la protección de las identidades humanas y de máquina como activos críticos. El cumplimiento normativo con NIS2 y RGPD exigirá auditorías continuas y una gestión proactiva de incidentes. Para los usuarios, la concienciación y la adopción de buenas prácticas en la gestión de contraseñas y accesos serán esenciales para evitar filtraciones y fraudes.

Conclusiones

La ciberseguridad en 2026 se enfrenta a una transformación estructural: la tecnología deja de ser el principal punto de fallo y el factor humano, junto a la gestión eficiente de identidades, se convierte en el nuevo campo de batalla. Solo las organizaciones que integren procesos robustos, formación avanzada y soluciones adaptativas lograrán resistir la creciente sofisticación de las amenazas.

(Fuente: www.cybersecuritynews.es)