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Las filtraciones de datos: ¿transparencia real o ocultismo corporativo en la gestión de incidentes?

Introducción

El tratamiento de las filtraciones de datos sigue siendo una cuestión crítica y polémica en el sector de la ciberseguridad. En los últimos años, se ha observado una tendencia creciente por parte de las organizaciones a limitar la transparencia en la comunicación de incidentes de seguridad. Muchas empresas optan por revelar únicamente la información mínima requerida sobre las brechas sufridas, e incluso algunas deciden no informar del incidente, pese a las obligaciones legales y los riesgos reputacionales asociados. Este enfoque restrictivo plantea serias cuestiones sobre la gobernanza, la gestión eficiente de incidentes y la confianza en el ecosistema digital.

Contexto del Incidente o Vulnerabilidad

La opacidad en la divulgación de brechas de seguridad no es un fenómeno nuevo, pero sí se ha visto acentuada por la presión regulatoria y mediática. Desde la entrada en vigor del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) en Europa y la Directiva NIS2 a nivel europeo, el marco legal obliga a las organizaciones a notificar ciertos incidentes en plazos muy concretos (por ejemplo, 72 horas según el GDPR). Sin embargo, la interpretación ambigua de los criterios de notificación y la falta de supervisión efectiva permiten que muchas empresas comuniquen únicamente el “mínimo indispensable” o incluso opten por el silencio, en particular cuando no existen evidencias inmediatas de un daño directo a los usuarios o clientes afectados.

Detalles Técnicos

Desde el punto de vista técnico, las filtraciones de datos suelen estar asociadas a vulnerabilidades conocidas (CVE), errores de configuración, ataques de ingeniería social o explotación de credenciales comprometidas. Los vectores de ataque más habituales incluyen:

– Phishing y spear-phishing (T1566 según MITRE ATT&CK)
– Uso de malware tipo info-stealer (T1056, T1071)
– Explotación de vulnerabilidades no parcheadas (por ejemplo, CVE-2023-34362 en MOVEit Transfer)
– Movimiento lateral mediante herramientas como Cobalt Strike o Metasploit Framework (T1219, T1086)
– Exfiltración de datos a través de canales cifrados o legítimos (T1041, T1071.001)

Los Indicadores de Compromiso (IoC) asociados a estos incidentes incluyen direcciones IP de Command & Control (C2), hashes de archivos maliciosos, y artefactos forenses extraídos de los endpoints afectados. La falta de transparencia en los informes de incidentes impide, en muchos casos, compartir estos IoC de manera efectiva con la comunidad, dificultando la detección y mitigación de amenazas similares en otras organizaciones.

Impacto y Riesgos

El impacto de una gestión opaca de las brechas de seguridad es significativo tanto a nivel operativo como reputacional. Según el informe Cost of a Data Breach 2023 de IBM, el coste medio global de una filtración de datos asciende ya a 4,45 millones de dólares, cifra que puede multiplicarse si la notificación y respuesta al incidente no son adecuadas. Además, la falta de información veraz impide a los usuarios y empresas afectadas tomar medidas preventivas y reduce la eficacia de los equipos SOC y de respuesta a incidentes a nivel sectorial.

A nivel regulatorio, incumplir las obligaciones de notificación puede conllevar sanciones millonarias por parte de las autoridades de protección de datos. En 2023, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) impuso multas superiores a los 8 millones de euros por deficiencias en la gestión y comunicación de incidentes.

Medidas de Mitigación y Recomendaciones

Para afrontar este reto, los expertos recomiendan:

– Definir procedimientos internos claros de notificación y gestión de incidentes, alineados con GDPR y NIS2.
– Implementar soluciones de DLP, SIEM y EDR para una detección temprana y trazabilidad forense.
– Fomentar una cultura organizacional de transparencia y responsabilidad ante incidentes.
– Compartir IoC y lecciones aprendidas a través de ISACs y foros sectoriales.
– Realizar simulacros de crisis y ejercicios de comunicación para preparar a los portavoces ante posibles incidentes.

Opinión de Expertos

Especialistas como José Ramón Monleón, CISO de una entidad bancaria española, apuntan: “La opacidad puede mitigar el daño reputacional a corto plazo, pero incrementa el riesgo sistémico y la desconfianza del cliente. Las mejores prácticas internacionales abogan por una notificación proactiva y detallada, que ayuda a proteger el ecosistema digital en su conjunto”.

Implicaciones para Empresas y Usuarios

Para los equipos de seguridad, la falta de transparencia ajena complica la elaboración de estrategias defensivas basadas en inteligencia colaborativa. Para los usuarios y clientes, la desinformación incrementa el riesgo de exposición prolongada de sus datos y dificulta la adopción de medidas correctivas, como el cambio de credenciales o la monitorización de cuentas comprometidas.

Conclusiones

La gestión responsable de las brechas de datos exige un equilibrio entre las necesidades de negocio, la protección de la reputación corporativa y el cumplimiento legal. Apostar por la transparencia y la cooperación sectorial es clave para fortalecer la resiliencia cibernética y la confianza en el entorno digital. La evolución normativa (como NIS2) y la presión social obligarán, previsiblemente, a un cambio de paradigma en la comunicación de incidentes en los próximos años.

(Fuente: www.darkreading.com)